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VIOLENCIA
DE GÉNERO Y FAMILIAR
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Adoptar una postura contra los malos tratos |
Enseñe
a los pacientes ancianos a protegerse para ayudarlos a evitar situaciones
de malos tratos.
Permanezca
sociable
Mantenga e incremente su círculo de amistades.
Si se desplaza, mantenga el contacto con los viejos amigos y vecinos.
Tenga un "buen amigo" con quien pueda hablar abiertamente.
Haga que los amigos lo visiten en su casa.
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Manténgase
activo
Acepte las oportunidades que le brinden para hacer cosas nuevas.
Ofrézcase como voluntario o júntese a un grupo u organización.
Asista con regularidad a revisiones médicas y dentales.
Para las mujeres: programe y mantenga las citas de belleza.
Organícese
Mantenga sus pertenencias pulcras y ordenadas.
Asegúrese de que otros sepan que usted conoce dónde guarda
sus posesiones.
Abra y cierre su propio correo.
Haga que los cheques de su cartilla de ahorros y de sus pensiones se
ingresen directamente en su cuenta, en lugar de recibirlos por correo.
Utilice un contestador para registrar las llamadas telefónicas.
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Manténgase
informado
Hable con un abogado acerca de lo que puede hacer para arreglar una
posible incapacidad futura. Por ejemplo, podría otorgar poderes
al abogado para que se ocupe de su asistencia sanitaria y de sus finanzas.
Obtenga consejo legal antes de solicitar a alguien que le cuide a cambio
de propiedades, posesiones o dinero.
Revise periódicamente su testamento.
Sepa dónde acudir para solicitar ayuda si piensa que ha sido
mal tratado.
Solicite ayuda cuando la necesite.
Siga
estos "no"
No viva con nadie que tenga antecedentes de comportamiento violento
o sea adicto al alcohol o a drogas.
No deje su casa desatendida. Informe a la policía si va a ausentarse
por un largo período de tiempo.
No deje dinero, joyas ni bienes preciados de forma desordenada.
No firme ningún documento, salvo que lo haya revisado.
No permita que nadie le oculte nada acerca de sus finanzas o propiedades.
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Signos de advertencia de malos tratos |
Estos
indicadores avisan, con frecuencia, de problemas más profundos:
Indicadores
de malos tratos físicos:
Lesiones múltiples (cicatrices, abrasiones, punciones, quemaduras,
laceraciones o hematomas) en diferentes estadios de curación.
Fracturas múltiples en diferentes estadios de curación.
Las fracturas en espiral (provocadas por torsiones) y las fracturas
por mangos (provocadas por un golpe directo) a menudo van asociadas
a malos tratos.
Hematomas agrupados y patrones regulares, especialmente si están
localizados en sitios poco habituales, como el cuello o la ingle. Busque
la presencia de lesiones que se extiendan sobre diversos planos del
cuerpo como, por ejemplo, la parte frontal, lateral y trasera de las
piernas que puedan indicar golpes con cinturón.
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Hematomas bilaterales o lesiones paralelas, que sugieran marcas resultantes
de una sujeción forzada. Las sacudidas violentas pueden producir
lesiones paralelas en la parte superior de ambos brazos.
Lesiones en la "zona del baño" (tronco, abdomen, genitales,
nalgas y parte superior de los muslos) o roturas de dientes. Los signos
de abuso sexual incluyen quejas de dolor y de prurito en la región
genital, laceraciones, o hemorragia en la región genital, hematomas
en la parte interior de los muslos; evidencia de enfermedades de transmisión
sexual, y equimosis de la úvula que puede ocurrir como consecuencia
de traumatismos orales y de la práctica a la fuerza de sexo oral.
Lesiones alrededor de cara, orejas y cuello. La mayoría de los
hematomas causados por lesiones accidentales se produce en la frente,
en las rodillas, en la barbilla y en los codos; las
marcas de púrpura senil afectan por lo general a los antebrazos
y al anverso de las manos.
Quemaduras en las plantas de los pies, las palmas de las manos, las
nalgas, formando un aspecto de "guante y media" en las manos
y pies o una forma de buñuelo sobre la ingle. Busque la presencia
de quemaduras circulares pequeñas provocadas por un cigarrillo
encendido, especialmente en las palmas y en las plantas.
Quemaduras por fricción sobre extremidades, cuello, o torso que
son el resultado de que la persona haya estado atada o inmovilizada
durante períodos largos de tiempo.
Lesiones tipo que pueden proporcionar la clave respecto al tamaño
y forma del objeto que provocó la lesión. Hebillas de
cinturones, cordones eléctricos e incluso las manos dejan un
patrón característico.
Torceduras o dislocaciones provocadas por arrastres o empujes.
Pérdidas inusuales de cabello. Áreas de calvicie, enrojecimiento
e hinchazón sobre la parte posterior o los lados del cuero cabelludo,
o zonas hemorrágicas debajo de la línea del cuero cabelludo
pueden producirse por tirones violentos de pelo. En los varones, inspeccione
otras zonas que no sea la coronilla, que es donde por lo general se
produce la calvicie.
Una historia de frecuentes visitas al servicio de urgencias (SU) o una
demora entre el tiempo de la lesión y la visita al SU. Antecedentes
de caídas, de fracturas, o de hematomas de repetición
en diversos estadios de curación, y un relato verbal de los malos
tratos físicos son indicadores de alto riesgo o de abuso de ancianos.
Indicadores
de negligencia
Deterioro de salud.
Deshidratación o malnutrición.
Úlceras por presión o contracturas.
Suciedad u olor excesivo en el cuerpo o en la ropa.
Falta de dispositivos de ayuda, como gafas, dentaduras, audífonos
y andadores.
Caquexia (pérdida de peso severa).
Ropa inadecuada.
Presencia de pulgas o piojos.
Languidez y fatiga.
Cualquier señal que haga pensar que el paciente fue dejado solo
o en condiciones insalubres durante largos períodos de tiempo.
Más medicación o menos de la necesaria, en particular
en caso de sobresedación.
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Indicadores
de malos tratos emocionales
Confusión y desorientación.
Paranoia, depresión o cólera.
Miedo a las personas extrañas.
Muestra miedo en su propio entorno.
Ambivalencia hacia el cuidador.
Estar callado cuando en cuidador está en la habitación.
Poca autoestima.
Anhelo de estar atendido y acompañado.
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Indicadores
de abusos económicos
Pérdida inexplicada de la cartilla de ahorros y de los controles
de la pensión.
Ansiedad acerca de la economía personal.
Falta de conocimiento del estado de sus cuentas.
Falta de pagos a los servicios públicos.
Cheques firmados por otras personas sin estar autorizados.
Presión para firmar cheques.
Dejar de contratar servicios.
Falta de comida y de medicaciones adecuadas.
Falta de respuesta a cartas y facturas y cheques no cobrados.
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Guía práctica de la actuación contra la violencia doméstica |
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I.
ACTUACIONES EN JUZGADO DE GUARDIA
1. Recepción de denuncias por malos tratos
Conviene
que la denuncia sea oral, utilizando si fuera posible medios audiovisuales
de grabación, que se preste en presencia del juez y del fiscal,
y que se documente por escrito.
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Debe comunicarse
sin demora al Ministerio Fiscal la inminente presentación de
la denuncia, a fin de que pueda asistir a la víctima desde el
primer instante y estar presente en el acto de formalización
de aquélla y en las diligencias posteriores.
La misma
comunicación ha de hacerse, también inmediatamente a la
Oficina de Atención a la Víctima.
Ha de facilitarse
la asistencia técnicojurídica a la víctima en el
momento de la denuncia, utilizando, en su caso, los recursos y mecanismos
previstos en la normativa relativa a la asistencia jurídica gratuita.
Debe recabarse
con carácter urgente de la respectiva Fiscalía los antecedentes
que en relación a denunciante y denunciado figuren en el Registro
informático de violencia doméstica existente en aquélla.
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2. Examen de las personas implicadas
Es muy importante
que el Juez de Guardia ordene que comparezcan inmediatamente a su presencia
la víctima y el presunto
agresor, y si fuere posible, los testigos, recabando al efecto, cuando
sea necesario, la colaboración policial. Debe procederse sin
demora al examen médico -físico y psicológico-
de la víctima y del agresor.
Ha de ordenarse
inmediatamente, cuando sea posible y existan antecedentes en los respectivos
Servicios Sociales, la realización de un primer informe urgente
sobre las condiciones sociales, económicas, laborables y de otro
orden que resultasen relevantes para la adopción, en su caso,
de medidas cautelares.
3.Declaración de la víctima
En la declaración
de la víctima ante el Juez, debe ponerse especial atención
a la recogida de datos relativos a agresiones precedentes, circunstancias
en que se produjo la agresión que motiva la denuncia, vestigios
de la misma, consecuencias físicas y psicológicas de la
agresión para la persona y bienes de la víctima-denunciante
o para otros miembros del grupo familiar, identificación de testigos
de aquélla, así como la opinión de la víctima
sobre las medidas de protección que considera necesarias.
4. Declaración del denunciado
Ha de procurarse
una declaración completa del denunciado en calidad de imputado,
inquiriendo sobre la realidad de la agresión denunciada, su versión
de los hechos, los motivos de aquélla, los antecedentes de violencia
en el seno familiar, y las circunstancias personales de aquél
-drogadicción, paro, alcoholismo, etcétera- que pudieran
resultar relevantes para el caso.
5. Recogida de pruebas
Se ordenará
a las fuerzas policiales disponibles
la inmediata y completa recogida de pruebas y vestigios de la agresión
diferentes de la denuncia y declaración de la víctima
en previsión de la frecuente retractación de ésta
en el acto del juicio) y su examen físico, disponiendo para ello,
si fuere precisa, la expedición del oportuno mandamiento de entrada
y registro suficientemente fundamentado de modo específico par
el caso concreto.
La recogida
de pruebas se documentará, cuando sea posible, por medios audiovisuales
- en sustitución de la tradicional constancia escrita en atestado
-, por su mayor exactitud y eficacia probatoria.
Las pruebas
y su documentación audiovisual o escrita se entregarán
inmediatamente en el Juzgado de Guardia.
6. Adopción de medidas cautelares
Una vez
realizadas las actuaciones anteriores, analizando el resultado de las
mismas y de las declaraciones e informes a que anteriormente se hizo
referencia, el Juez de Guardia resolverá mediante auto lo procedente
respecto de la adopción o no de las medidas cautelares que fueren
precisas en el caso concreto, atendiendo fundamentalmente a la peligrosidad
del agresor, la gravedad del hecho denunciado y la necesidad de protección
de la víctima y demás integrantes del núcleo familiar.
El auto deberá estar suficientemente motivado y fundamentado
en relación al caso concreto, evitando la utlización de
fórmulas estereotipadas, razonándose debidamente sobre
la proporcionalidad de las medidas que se adopten, y explicando promenorizadamente
en caso contrario -sobre todo, si aquéllas fueron solicitadas
por la víctima- las causas que justifiquen dicha decisión.
Las medidas
cautelares adoptadas -prisión
preventiva, prohibiciones del artículo 544 LECr, aprehensión
de armas, comparecencia apud acta del denunciado con periodicidad acorde
a las circunstancias, medidas de protección física de
la víctima con protección policial, etc.se comunicarán
personalmente por el Juez a la víctima y denunciado, haciéndole
a éste las advertencias y prevenciones que legalmente procedan.
7. Remisión de lo actuado por el Juzgado de Guardia
Una vez
concluidas las primeras diligenicas practicadas por el Juzgado de Guardia,
éste debería remitir con carácter urgente todo
lo actuado al Juzgado especializado, o en su caso, al Juzgado Decano
para reparto.
La remisión
debería hacerse colocando en la portada de las diligencias, de
manera fácilmente legible, en color llamativo, una carátula
con el rótulo "URGENTE: VIOLENCIA
DOMÉSTICA".
II. NORMAS DE REPARTO
1. En defecto de Juzgado especializado, ha de procurarse la aprobación
de normas de reparto que asignen la competencia para conocer del caso
al Juzgado que primero conoció de agresiones anteriores cometidas
por el mismo sujeto sobre los integrantes del mismo núcleo familiar,
independientemente del estado procesal en que se encuentren. 2. Debe
procurarse la mayor rapidez en el reparto de estas causas, otorgándoseles
la máxima preferencia y utilizando siempre la carátula
con el rótulo "URGENTE: VIOLENCIA
DOMÉSTICA" antes mencionado.
III. TRATO A LA VÍCTIMA EN DEPENDIENCIAS JUDICIALES
1. El
trato a las víctimas de estos delitos en dependiencias judiciales
ha de ser, en todo momento, especialmente considerado, evitando que
al perjuicio derivado de la previa agresión sufrida se añada
la "victimización institucional".
2. El lenguaje empleado con las víctimas ha de ser asequible
para éstas, recabando si fuere preciso o conveniente la intervención
de intérpetes.
3. En las citaciones a las víctimas han de evitarse las expresionales
de tono imperativo o intimidatorio, procurando estimular su colaboración
y poner especial énfasis en la necesariedad de su comparecencia
al acto de juicio.
4. Ha de facilitarse a las víctimas, con carácter urgente
y desde el primer instante, la asistencia jurídica, médica,
psicológica y socioeconómica que precisaren, comunicando
el hecho sin demora a la Oficina de Atención a la Víctima
-si la hubiere-, y recabando, en su caso, la inmediata intervención
de los profesionales, organismos, autoridades y funcionarios que fueren
precisos para la adecuada protección de aquéllas en
todos los órdenes.
5. La notificación a las víctimas de todas las decisiones
procesales que les afecten ha de realizarse con la máxima rapidez,
especialmente cuando se refieran a la adopción o levantamiento
de medidas cautelares respecto del presunto agresor o de protección
de la víctima o de los demás integrantes del núcleo
familiar.
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IV.
RELACIONES ENTRE DENUNCIANTE Y DENUNCIADO
1. Ha de evitarse en lo posible la coincidencia física entre
la víctima y el presunto
agresor en las dependencias judiciales.
2. Cuando la coincidencia fuere inevitable, se prestará especial
atención a la víctima, utilizando los recursos previstos
en la Ley de Protección de Testigos, y se dispondrá lo
necesario para que aquélla se encuentre en todo momento acompañada.
3. Es imprescindible controlar eficazmente el riguroso cumplimiento
de las medidas de protección de la víctima que se hubieran
acordado, con carácter cautelar o definitivo, propiciando la
adecuada coordinación en este campo de la autoridad judicial
con el Ministerio Fiscal, las autoridades y funcionarios policiales
competentes y los demás organismos y autoridades que fueren precisos.
4. En los casos en que fuere inevitable la relación entre denunciante
y denunciado fuera del Juzgado (por ejemplo, en aplicación de
régimen de visitas a los hijos), se fijarán judicialmente
puntos de encuentro seguros y se dispondrá lo necesario para
la víctima disponga de acompañamiento y asistencia si
lo precisare.
5. En el ámbito del proceso penal, y, en su caso, del proceso
civil que se siguiere, se guardará absoluta reserva respecto
de todos los datos relativos a ubicación del domicilio de la
víctima, del centro de acogida en el que provisionalmente se
alojare o de su centro de trabajo, así como de cualquiera otra
información que pudiera poner en riesgo su seguridad o la de
los demás miembros del grupo familiar, o propiciar su localización
por el agresor. A este fin, se adoptarán por el Juzgado las medidas
precisas para la adecuada protección de aquéllos,
cuidando de que en la documentación de los actos procesales no
se incluya la mención de los extremos que pudieran comprometerla.
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V.
OTRAS MEDIDAS Y ACTUACIONES EFICACES CONTRA LA VIOLENCIA DOMESTICA
EN EL PROCESO PENAL
1. Debe prestarse atención especial a la concurrencia en el
supuesto contemplado de factores adicionales de riesgo, habitualmente
concurrentes en los casos de maltrato familiar (alcohol, drogas, armas),
y adopción de las medidas cautelares y definitivas que al efecto
procedan.
2. Conviene potenciar la utilización razonable y motivada de
las medidas alternativas a la prisión, valorando la posibilidad
legal de su aplicación antes y después de sentencia,
y siempre con respeto de los derechos consitutucionales del denunciado:
libertad provisional con comparecencia apud acta; sometimiento del
presunto agresor a control médico y de los equipos de tratamiento
(procurando convencer a aquél para que preste su consentimiento
a tal fin); medidas de alejamiento con control efectivo de su cumplimiento
mediante la impartición de órdenes precisas a las autoridades
policiales, y coordinación adeucada de éstas con el
órgano jurisdiccional y el Ministerio Fiscal.
3. Sería deseable, asimismo, la potenciación de mecanismos
alternativos de resolución de conflictos, como la mediación,
en aquellos supuestos en los que la escasa gravedad de la agresión
y las circunstancias personales, familiaries y sociales concurrentes
aconsejen
y permitan el mantenimiento de la relación familiar o de la
pareja.
4. Resulta de gran utilidad la elaboración en Juntas de Jueces
y seguimiento de pautas de actuación en prevención de
los supuestos de retractación y de incomparecencia de la víctima
al acto del juicio, que incluya las relativas a la búsqueda
exhaustiva de pruebas diferentes del testimonio de la víctima,
y en su caso, a la suspensión del juicio, a la averiguación
de las causas de la incomparecencia de aquélla y su nueva citación.
5. Han de elimiiarse las dilaciones en la celebración de juicios
en estas causas, procurado la utilización, cuando sea posible
leglmente, de los juicios rápidos, a fin de evitar la desaparición
de pruebas y la desprotección de la víctima.
6. Sería conveniente la inclusión en los Hechos Problados
de las sentencias y demás resoluciones de órganos jurisdiccionales
que pongan fin al procedimiento de un relato comprensivo de los datos
de interés que pudieran afectar a la víctima y al denunciado
a este respecto.
7. Debe tenerse muy presente que la imposición de multas al
autor de la agresión puede agravar indirectamente la situación
de la víctima.
VI. COORDINACION ENTRE EL PROCESO CIVIL POR NULIDAD, SEPARACIÓN
Y DIVORCIO Y EL PROCESO PENAL POR MALOS TRATOS
1. Ha de procurarse la remisión inmediata a la Fiscalía
correspondiente de los datos procedentes de los juzgados civiles
en que se tramiten procedimientos de nulidad, separación y
divorcio que fueren relevantes a efectos de su incorporación
inmediata al Registro informático sobre violencia doméstica
existente en todas las Fiscalías.
2. Es imprescindible intensificar la coordinación entre los
juzgados de los órdenes civil y penal, principalmente respecto
de las medidas cautelares adoptadas por cada uno de ellos en los casos
en que se desenvuelvan, simultáneamente, procesos civiles de
nulidad, separación o divorcio y procesos penales por maltrato.
3. En los procesos civiles que tuvieren relación con los supuestos
de maltrato familiar, puede ser útil potenciar la audiencia
de las partes ante el juez, al objeto de lograr un mejor conocimiento
de la situación antes de resolver sobre la adopción
de medidas cautelares.
(ACUERDO DEL PLENO DEL CONSEJO GENERAL DEL PODER JUDICIAL DE 21 DE
MARZO DE 2001)
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Las "malmuertas" |
Rosa Aguilar Rivero
alberto@sosvictimas.org
Alcaldesa de Córdoba
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A
Toñy
A Mariela
A Laura |
En
Córdoba, hay una hermosa torre que, sin embargo, tiene un nombre
de horribles resonancias: Malmuerta. El contraste entre la belleza de
nuestra torre y el terrible significado de su denominación puede
perfectamente simbolizar esa otra espantosa incongruencia entre palabras
que conjugan conceptos, en apariencia, tan incompatibles como "marido
asesina a su mujer", "compañero sentimental acuchilla
a su compañera" o "novio estrangula a su prometida".
Asimismo,
la antigüedad de la torre de la Malmuerta, que data de principios
del siglo XV, añade una significación temporal a este
fenómeno y es prueba fehaciente de hasta dónde hunde sus
raíces el efecto más perverso de un patriarcado que nunca
ha considerado a las mujeres como personas, sino como seres inferiores,
dependientes y puestos al servicio de los hombres. De esta manera, mientras
la muralla defensiva en la que se enclava la torre de la Malmuerta constituye
la memoria de otro tipo de amenazas bélicas que, afortunadamente
y en nuestra latitud, logramos que pasaran a la historia, la torre en
sí misma sigue, por desgracia, manteniendo el mismo sentido que
hace seis siglos. Por eso, la Malmuerta es un símbolo de la guerra
más larga y más desigual de toda la historia de la humanidad.
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Ha llegado la hora de detener también
esta guerra. Y para ello es necesario derribar todos los pilares sobre
los que se sustenta su diferente consideración en comparación
con otros tipos de violencia. De hecho, esa es una de las grandes dificultades
a la que nos enfrentamos, porque mientras otras violencias, como el
terrorismo o la delincuencia común, se perciben como ataques
a todo nuestro sistema de convivencia, la violencia de género
y, más concretamente, la doméstica, no suponen una amenaza
a ese sistema. Sin embargo, sí lo ponen en evidencia, porque
los hombres que maltratan a sus mujeres o compañeras son practicantes
de una doble moral que los convierte en palomas de la calle y halcones
de la casa. Los principios de convivencia por los que nos regimos son
universales y, por tanto, válidos para todos los seres humanos
en todos los ámbitos de su existencia. Así pues, hay que
señalar y actuar con el maltratador con la misma contundencia
que se señalaría y actuaría con cualquiera que
fuera agrediendo a sus conciudadanos en la calle, en el trabajo o en
la taberna. Quien maltrata en casa tiene que ser retirado de la vida
en sociedad, porque el ámbito privado de nuestra vida no puede
constituir un espacio de impunidad donde los ciudadanos puedan dejar
de serlo para transformarse en seres crueles capaces de infligir a sus
mujeres un daño que no serían capaces de infligir ni a
sus más enconados enemigos.
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El
cambio de mentalidad es fundamental para terminar con esta lacra y
para hacer ver a los hombres que, de la misma manera que se dieron
cuenta de que era mejor la convivencia pacífica que la guerra
entre los pueblos, también es más fructífera
y enriquecedora la relación entre iguales que la de dominación
violenta. Sin embargo, no podemos esperar a que esa transformación
de los valores sea un proceso tan largo como la historia que los precede,
porque, entre otras Cosas, es un deber moral prioritario salvar la
vida de las personas que están en peligro y rescatar de su
infierno cotidiano a las que viven la realidad del maltrato. Por todo
eso, independientemente de los pasos que demos en el terreno educativo
y socializador hacia una convivencia más equitativa y más
humana, no podemos desatender las necesidades más perentorias
de miles de ciudadanas. Para ello hay que articular y aprobar, ya,
una Ley integral con previsión presupuestaria para su aplicación
que combata en todos los frentes esta insostenible injusticia. La
exigencia de esta Ley no se fundamenta únicamente en los beneficios
que reportaría inmediatamente -como la coordinación
de las instituciones, la regulación de este fenómeno
con leyes sustantivas y procesales, la formación del personal
sanitario, policial, jurídico y asistencial, y la homogeneización
en el tratamiento de estos casos-, sino que se inscribe también
en su capacidad pedagógica y de poder simbólico para
dotar a este terrible problema de la importancia social y política
que merece.
Como
complemento a esa exigencia de perfeccionamiento de la justicia y
atención para estos casos, el Ayuntamiento de Córdoba
lleva ya casi dos años celebrando plenos mensuales, haciendo
declaraciones institucionales y concentraciones silenciosas en contra
de la violencia de género como una forma de materializar su
solidaridad con las víctimas y su repulsa a esta fuente de
sufrimiento humano innecesario. Yo comparto la opinión del
profesor Joaquín García Roca sobre la solidaridad como
"un indicativo y un imperativo que la sitúan en la órbita
ética", donde el indicativo propone los cambios a seguir
y el imperativo constituye la llamada para emanciparse de las realidades
injustas, y por eso, creo en la solidaridad activa como un complemento
que hace más humana a ¡ajusticia. Y creo que, tanto la
solidaridad que mostremos con las víctimas, como la justicia
a la que podemos contribuir mediante una actitud activa que no tolere
ninguna de esas conductas agresivas de los maltratadotes, serán
absolutamente necesarias hasta que podamos mirar a la torre de la
Malmuerta como a la muralla donde se enclava, es decir como un vestigio
histórico de algo que nadie quiere que se repita.
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Violencia doméstica: "La rehabilitación de maltratadores
logra un éxito limitado pero hay que perseverar" |
Enrique Echeburúa catedrático de
psicología de la UPV
Ha asesorado a Icíar Bollaín para construir el retrato
de un maltratador en Te doy mis ojos. Es el impulsor de un programa
pionero en la rehabilitación de hombres violentos
CRISTINA
TURRAD DV. SAN SEBASTIÁN
El éxito del programa de rehabilitación
de maltratadores impulsado desde la UPV por Enrique Echeburúa
y que se desarrolla en Vizcaya y Álava "no es para lanzar
cohetes, pero hay que perseveran", dice su autor. Una de cada
tres mujeres maltratadas convive con su pareja. "Algunas desean
y esperan que su marido cambie".
- Son conocidos los programas de atención
a las mujeres víctimas de malos tratos. ¿Cómo
decidieron rehabilitar a los maltratadores?
-Hace quince años iniciamos un programa para tratar las secuelas
de las agresiones sexuales. Descubrimos que había un numero
creciente de víctimas de malos tratos en el hogar. La incidencia
era enorme. En Vizcaya, por ejemplo, se detectaban de 100 a 150 casos
nuevos al año.
-Y de ayudar a las víctimas, ¿cómo pasaron
a rehabilitar a los maltratadores?
- Vimos que de un 30 a un 40 % de las mujeres que acudían a
estos servicios seguía viviendo con el agresor.
- Eran mujeres que vivían con una pareja que les maltrataba.
¿No encontraban otra salida?
-Nosotros no podíamos actuar como celestinos. Podíamos
exponer a esas mujeres los riesgos a los que se sometían si
seguían viviendo con su pareja. Pero el corazón tiene
razones que la mente desconoce.
- Se dice que detrás de la permanencia de esas parejas hay
sobre todo razones económicas...
-Es una verdad parcial. Al poner en marcha nuestros programas descubrimos
una gran novedad y es que hay mujeres que quieren que su marido cambie.
-Y decidieron ayudar a los hombres maltratadores...
-Sí, Pensamos que si sólo tratábamos a las víctimas
y no a los maltratadores el programa quedaba cojo. Si una de cada
tres mujeres maltratadas sigue viviendo con su marido, el foco sigue
abierto.
- En una situación de poder sin límites como la que
establecen esos hombres violentos, ¿que razón encontrarían
para querer cambiar?
-Si excluimos al 20% de los maltratadores que sufre un trastorno mental,
en el resto aparecen momentos de lucidez. Son hombres que mantienen
un sistema ético que a veces funciona. Y sobre todo hay motivaciones
bastardas.
- Muchos maltratadores se apuntan a la rehabilitación por
motivos interesados...
-Cerca de un 10% lo hace por presión judicial, porque si no
cumplen un programa de tratamiento, van a la cárcel. El 80%
acude por presión de la mujer, que ha anunciado que va a separarse.
Un maltratador piensa que su mujer le pertenece y una separación
es un gran golpe a su autoestima. Quizás en un 10% de casos
puedan hallarse razones genuinas de deseo de cambiar, pero más
bien hay una mezcla de causas.
- ¿Por qué es tan difícil que una persona
violenta desee cambiar?
- Ocurre como en el alcoholismo. Habitualmente se niega el problema.
Conocí a una persona alcohólica que cuando se iba a
afeitar apagaba la luz del baño para no verse la cara.
- ¿Cómo son los momentos de lucidez?
- Se dan cuenta de que tienen una conducta miserable y degradante.
Se arrepienten. Intentan mejorar. Ven que su mujer sufre. Se ven como
pobres diablos.
- El abuso de poder y la violencia, ¿no hacen crecer la
autoestima de nadie?
-Hay un problema. El abuso de poder es incompatible con el afecto,
la ternura y el sexo satisfactorio.
-Y a pesar de ello, permanecen en la violencia...
-Es un mecanismo adictivo. Ocurre como a los exhibicionistas o pedófilos.
Niegan el trastorno y se autoengañan.'Son invenciones de ésta',
dicen. Algunos lo niegan más sutilmente: 'Esto lo hacen todos',
o lo atribuyen a circunstancias externas: 'Ella me provoca' o 'Tengo
unos prontos...'.
- La ira la puede sentir cualquiera...
- Sí. Se trata de controlarla. A veces los maltratadores atribuyen
la causa de la violencia a la bebida, pero no pegan a su jefe, ni
a la policía, ni a un vecino.
- ¿Qué resultados obtienen en su programa de rehabilitación
de maltratadores?
- Hemos tratado, en Vizcaya y Álava, a 120 hombres hasta el
momento. Un 40 ó 50% abandona el programa, por lo que podemos
pensar que hay un fracaso. Los que aguantan hasta la cuarta sesión,
terminan el tratamiento. De ellos se rehabilita uno de cada tres hombres.
Pero hay una mejoría clara en el 65% de los casos. Desaparece
por completo la violencia física y buena parte de la psicológica.
- La violencia psicológica es tan nociva como la física...
- Sí, los resultados no son como para lanzar cohetes, pero
tampoco para situarse en un nihilismo terapéutico. Aunque muchas
parejas se separen, esos hombres volverán a vivir en pareja.
Es el reto.
- Les han criticado...
- Sí. Ha habido institutos de la mujer de fuera del País
Vasco que no han entendido nuestro trabajo. Opinan que toda ayuda
es poca para las víctimas de los malos tratos.
- El Código de Hammurabi, Aristóteles, Erasmo de
Rotterdam... muchas leyes y muchos pensadores han considerado a la
mujer como un ser inferior al hombre. Esta tradición, ¿está
en el origen de algunos males?
- No hay que irse tan lejos. También Azorín, Ramón
y Cajal o Freud sitúan en un plano inferior a la mujer. Hay
muchos prejuicios. Y sobre todo funciona el modelo en que las personas
se educan. Lo que han visto en casa. Si un miembro de la pareja es
imperativo y otro sumiso, ésta puede funcionar.
-Todos los sentimientos, incluso los negativos, pueden canalizarse.
¿Por qué unas personas lo logran y otras no?
- Hay personas que son emocionalmente inmaduras o auténticos
analfabetos emocionales. Y hay errores de pensamiento. Los principales
son que la mujer deba ser sumisa y que la violencia sea una vía
útil para la solución de problemas. Esta última
idea se da más entre quienes han sufrido maltrato infantil.
-¿Hay mujeres maltratadoras?
-La violencia física repugna más a las mujeres. La maternidad
desarrolla sentimientos de ternura, afecto y empatía. El abuso,
cuando se da, es más bien de tipo psicológico.
- En las sesiones de rehabilitación no usan el término
maltratador...
-Muchos hombres escaparían al sentirse reflejados en esa palabra.
Utilizamos eufemismos como grupos de hombres u hombres con dificultades.
- ¿Realizan terapias de grupo como las que se reflejan en
Te doy mis ojos?
-De momento nosotros hacemos una terapia individual.
- ¿Cuál fue la pretensión de la directora
Icíar Bollaín al buscar su asesoría?
-Traté más con la guionista Alicia Luna. Quería
conocer no sólo el punto de vista de la mujer maltratada sino
el del hombre maltratador, qué tipo de ideas le asaltan y cómo
llega a la violencia.
Uno de cada tres hombres que termina
la terapia de maltrato consigue rehabilitarse
Los
rehabilitadores quieren que la prevención comience en la escuela
debido al crecimiento de la violencia juvenil
Se
enseña a controlarla ira y a vivir sin violencia
Serán
pocos. Pero el éxito en esos pocos casos es enormemente importante.
Es la opinión de Belén Sarasua e Irene Zubizarreta,
doctoras en Psicología y responsables de Zutitu, Servicios
de Asistencia Psicológica para la Violencia Familiar y Sexual,
que funcionan en Bilbao y Vitoria. Entre un 30% y un 35% de los hombres
que maltratan a su pareja logra rehabilitarse después de completar
la terapia. ¿En qué consiste esa rehabilitación?
Desaparece la violencia física y en muchos casos la violencia
psicológica. "Que no podamos asegurar que la violencia
psicológica desaparezca no quiere decir que siempre esté
presente en estos casos", explican.
La tarea es difícil. Los comportamientos
están muy arraigados y hay que ser perseverante. La mitad de
los que llegan a la terapia la abandona en las tres primeras sesiones.
De los que la concluyen, se rehabilita uno de cada diez. "Hay
casos que preferiríamos que no vinieran, porque por nuestra
experiencia sabemos que con estas personas no vamos a lograr resultados.
Son casos imposibles. Los malos tratos originan miedo y las mujeres
sienten una dependencia emocional en la que aparecen muchas dudas
y la ilusión de que su marido cambie gracias al programa de
rehabilitación. Pero incluso en estos casos, el programa puede
dar sus frutos. A veces sirve para abrir los ojos de la mujer y hacerle
ver que su marido no cambiará. La separación sería
en estas ocasiones un éxito".
Están los otros casos, aquellos
en los que el trabajo ha dado frutos. "Son pocos, pero da gusto
ver a los hombres que salen adelante. Empiezan la terapia a regañadientes
pero están dispuestos a aprender a cambiar. Empiezan a ver
que merece la pena. El porcentaje no será muy alto, pero que
una persona deje de ser maltratadora es un éxito muy importante
para la sociedad".
Programas como los que desarrolla Zutitu
deben complementarse, en opinión de Sarasua y Zubizarreta,
con actuaciones preventivas en las escuelas. Se trataría de
fomentar en los niños el respeto y la igualdad de derechos
entre los sexos y enseñar que la violencia no es camino útil
para solucionar los problemas.
"Las estadísticas nos informan
de que la violencia entre los jóvenes aumenta", explica
Zubizarreta. "Ha habido una generación en la que el reparto
de roles entre los sexos era más igualitario pero vemos que
en los institutos vuelve una asignación de tareas que fomenta
la desigualdad y las conductas agresivas. En nuestros centros atendemos
a chicas de 18 años que nos cuentan que su pareja les pega.
Ellas no desean dejar a su novio y quieren que cambie. Nos sorprende
que este tipo de conductas aparezcan entre gente tan joven".
Episodios
de ternura
En
el libro Violencia en la pareja, escrito por Sarasua y Zubizarreta
y publicado por la editorial Aljibe, las autoras describen la violencia
en la pareja como la máxima expresión de una relación
de abuso de poder que el maltatador controla a través del castigo
y de las muestras de arrepentimiento. "El castigo (la agresión
en cualquiera de sus manifestaciones) se produce de forma repetida
e intermitente y se mezcla con episodios de ternura que facilitan
en la víctima el mantenimiento de la esperanza de cambio a
largo plazo".
El
maltrato en la pareja es un fenómeno complejo. La persona maltratadora
no dispone de estrategias para afrontar adecuadamente problemas cotidianos
relacionados con la educación de los hijos, conflictos de la
pareja, dificultades laborales o desavenencias familiares o sociales.
Esta persona utiliza la violencia, que surge de una ira descontrolada,
como un recurso eficaz para dejar a un lado esas frustraciones, dicen
las autoras. Esta forma inadecuada de expresarla agresividad sobre
la pareja se ve favorecida por estereotipos sexuales inadecuados acerca
del papel de la mujer en la sociedad, en general, y en la vida familiar,
en particular.
Factores
que precipitan el descontrol de la conducta son el abuso del alcohol,
los celos, trastornos psicológicos o acontecimientos estresantes.
Estas cuestiones pueden agravar el maltrato pero no son causa determinante.
El
desarrollo de programas preventivos son la esperanza de futuro para
la erradicación de esta lacra social, dicen las autoras. Se
trataría de eliminar los modelos violentos, muy habituales
en anuncios, películas o cómics, en los que, por un
lado; la mujer aparece como víctima, y, por otro, las conductas
agresivas se presentan como instrumentos útiles para conseguir
lo que uno quiere.
El
camino para el cambio incluye el fomento de modelos educativos en
la escuela y en la familia basados en el respeto mutuo y en el aprendizaje
de habilidades de comunicación y solución de problemas
cotidianos.
VIVIR
SIN VIOLENCIA
Práctica
constante.Controlar las emociones -ira, ansiedad, tristeza, celos-,
solucionar problemas de forma adecuada, tener relaciones sexuales
gratificantes, comunicarse con los demás de forma positiva
y prevenir episodios de violencia requiere práctica constante.
Controlar
la ira. Sólo ofrece ventajas. Un proverbio chino dice que
si eres paciente en un momento de ira escaparás a cien días
de tristeza.
Sin
violencia. Comportarse sin violencia favorece a otras personas,
pero sobre todo favorece a quien la venía ejerciendo.
Dignidad.
La dignidad de una persona se adquiere cuando se respeta a las demás.
(De Vivir sin violencia. Echeburúa, Amor y Fernández.
Ed. Pirámide. Madrid, 2002)
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