"Se consideran delitos violentos contra las personas: los homicidios, asesinatos, las lesiones corporales, los robos con violencia, las agresiones sexuales, las detenciones ilegales y los delitos contra los trabajadores en los que se emplee la violencia"

DELITOS CONTRA LA LIBERTAD SEXUAL

Contra el tr·fico de mujeres
Manifiesto Contra el tr·fico de mujeres
Violencia de gÈnero y familiar



 


DELITOS CONTRA LA LIBERTAD SEXUAL

Contra el tr·fico de mujeres


POR SU DIGNIDAD, SU LIBERTAD Y SUS DERECHOS

øQuÈ es el tr·fico de mujeres?

Consiste en todos aquellos actos que implican el reclutamiento, el transporte, la venta y el intercambio de una persona dentro o a travÈs de fronteras, mediante el engaÒo y la coacciÛn (incluyendo la amenaza, la violencia, el abuso de la autoridad y el endeudamiento) con el propÛsito de colocar o usar a la persona en situaciones de esclavitud o semi-esclavitud comercial, sexual, domÈstica o reproductiva.

Es una violaciÛn de los derechos humanos

Cada vez son m·s los casos de tr·fico de mujeres, un negocio lucrativo que mueve miles de millones de pesetas y que ha inundado los prostÌbulos europeos con cientos de miles de mujeres extranjeras que huyen de la pobreza, la falta de expectativas o la persecuciÛn. Las redes de traficantes explotan esta situaciÛn, ofreciendo empleo con salarios elevados. Pero todos desconocen las condiciones en que tendr·n que ejercer el trabajo, en muchos casos, de autÈntica esclavitud. Cuando se enteran, ya es difÌcil dar la vuelta atr·s.

La impunidad es la regla

El tr·fico de mujeres se escuda en un vacÌo legislativo internacional y estatal, ya que no se recoge especÌficamente como delito, ni en el CÛdigo Penal, ni en la "ley de extranjerÌa". Son pocas las que denuncian debido a las amenazas y coacciones.

Las vÌctimas no reciben asistencia jurÌdica y social, siendo la mayorÌa de ellas deportadas a sus paÌses de origen.

øCu·les son los objetivos de esta campaÒa de sensibilizaciÛn?


Informar a la sociedad sobre la problem·tica de tr·fico de mujeres.
Capacitar a los agentes sociales sobre el tema.
Lograr un tratamiento de las vÌctimas que garantice el respeto de sus derechos humanos.
Promover cambios en la legislaciÛn para evitar la impunidad de los traficantes.

Manifiesto: CONTRA EL TR¡FICO DE MUJERES
     La OrganizaciÛn lnternacional para las Migraciones (OIM) ha definido el tr·fico de mujeres como cualquier transporte o desplazamiento ilÌcito de mujeres inmigrantes y su posterior comercializaciÛn para actividades econÛmicas o personales. Incluye por tanto, los siguientes elementos:

           Facilitar el movimiento ilegal de mujeres inmigrantes a otros paÌses, con o sin su consentimiento o conocimiento.

           EngaÒar a la mujer Ìnmigrante sobre el propÛsito de la migraciÛn, legal o ilegal.

           Abusar psÌquica o sexualmente de la mujer inmigrante con el propÛsito de dedicarlas al empleo domÈstico, matrimonios, prostituciÛn o cualquier otra forma de abuso y explotaciÛn que genere beneficÌos econÛmicos.



     Las mujeres vÌctimas de tr·fico proceden de casi todo el mundo, si bien hay algunas regiones y paÌses con m·s influencia del fenÛmeno del tr·fico.

     La ComisiÛn Europea, en su ComunicaciÛn de 20.11.96 sobre la trata de mujeres con fines, de explotaciÛn sexual seÒalaba como paÌses m·s afectados, Ghana, Nigeria y Marruecos, (AFRICA); Brasil y Colombia (AmÈrica Latina), La Rep™blica Dominicana, Filipinas y Tailandia en el Sudoeste Asi·tico.

     Asimismo, desde la caÌda del muro de BerlÌn y la creaciÛn de los Nuevos Estados independientes, ha surgido un n™mero considerable de REDES que opera en estos, paÌses. Las mujeres, rusas, son muy demandadas, en paÌses occidentales a causa de su naturaleza "exÛtica" y su novedad en el mercado del sexo. Rusia, y los Nuevos Estados, independientes, incluyendo Ucrania y Latvia, se han convertido en paÌses de envÌo de mujeres.

     El proceso de reclutamiento es muy variado y cada dÌa m·s sofisticado. Los traficantes se aprovechan de una situaciÛn de gran vulnerabilidad tanto econÛmica, cultural o social de las vÌcitmas, y se acercan a ellas prometiÈndoles trabajo e importantes ganancias, en otros paÌses.

     En muchos casos las mujeres desconocen quÈ trabajo les, espera detr·s de esas promesas. Los traficantes les hablan de trabajo como camarera, bailarina, y una vez entran en el paÌs, son obligadas a ejercer la prostituciÛn. Las Mujeres desconocen las condiciones de explotaciÛn y servidumbre a las que van a estar sometidas.

     Las REDES organizadas utilizan la amenaza, el engaÒo y la coacciÛn como instrumento de explotaciÛn, creando a su vez una situaciÛn de dependencia absoluta de las vÌctimas. Estas son obligadas a devolver una cantidad enorme de dinero, en concepto de deuda contraÌda con el traficante. Amenazas constantes que se extienden a todos los miembros de las familias, colocan a las mujeres en una situaciÛn de total vulnerabilidad y privaciÛn de libertad, movimiento y capacidad de reacciÛn.


     Est·s cifras muestran sÛlo la punta del iceberg. Realmente se carece de datos dei Tr·fico de Mujeres a nivel insular, estatal e internacional, ya que esta situaciÛn est· enmascarada.

     Es por esta situaci·n de constante violaciÛn de los derechos humanos, por lo que manifestamos:

           Que las mujeres victimas de Tr·fico se encuentran en una situaciÛn de total desprotecciÛn, por lo que se insta a las autoridades competentes a que se involucren en el tema.

           Que se estudie la situaciÛn actual sobre el Tr·fico de Mujeres.

           Que hay que sensibilizar a la poblaciÛn en general sobre la existencia del Tr·fico de Mujeres, las causas que lo originan y las medidas que se pueden llevar a cabo para que esta situaciÛn no se siga dando.


     Entre los distintos metodos de reclutamiento, nos encontramos las siguientes: ofertas de trabajo o estudio, avisos en ******** contactos directos, rapto y secuestro, internet, etc.

     Hay distintos ·mbitos donde se manifiesta este tr·fico de mujeres:

           La ProstituciÛn: Las mujeres son oblÌgadas a ejercer la prostituciÛn y se ven envueltas en una situaciÛn de la que les es imposibles salir por si solas.

           El Servicio DomÈstico: Šste es otro de los ·mbitos donde se manifiesta el tr·fico de mujeres utilizado siempre como una "fachada" para captar a mujeres que deciden trabajar en el extranjero, con la finalidad de mejorar bu calidad de vida y la de su familia.

           Los Matrimonios Serviles: En muchas ocasiones son estos los que sÌrven de fachada para que las REDES actuen sÌn ser facilmente descubiertas.


     øQuÈ es el Tr·fico de Mujeres?

     Es el Reclutamiento, Transporte, Venta e Intercambio de mujeres dentro o a travÈs de fronteras mediante el engaÒo y la coacciÛn.

     Tiene el propÛsito de colocar o usar a la mujer en situaciÛn de esclavitud o semi-esclavitud comercial, sexual, domÈstica o reproductiva

     Mecanismos de Reclutamiento de las Mujeres VÌctimas de Tr·fico

     Los traficantes se aprovechan de la situaciÛn de gran vulnerabilidad tanto econÛmica, cultural y/o social de las vÌctimas.

     Los traficantes les hablan de trabajo como camarera, bailarinas, etcÖ, y una vez que entran en el paÌs, son obligadas a ejercer la prostituciÛn.

     Las mujeres desconocen las condiciones de explotaciÛn y servidumbre de las cuales van a ser objeto.

     Las redes, cada dÌa m·s sofisticadas, utilizan la amenaza, el engaÒo y la coacciÛn como instrumento de explotaciÛn. Crean una situaciÛn de dependencia absoluta de las vÌctimas.

Violencia de GÈnero, InmigraciÛn y MarginaciÛn
Alberto MartÌnez
alberto@sosvictimas.org

Vocal - ·rea de inmigraciÛn

"Muchas personas quieren cambiar el mundo, pero casi nadie quiere cambiarse a sÌ mismo."
(Anthony de Mello)




     La teorÌa de gÈnero pretende analizar las relaciones entre el gÈnero masculino y el femenino, constatando las diferencias entre lo que significa ser mujer y ser hombre en esta sociedad. Y si esta teorÌa implica a hombres y mujeres por igual, una aproximaciÛn seria al tema debe abarcarlos a ambos, cada uno/a desde su propia especificidad. Y es en este contexto, donde debemos colocarnos en nuestra realidad actual que es la de la desigualdad social entre hombres y mujeres.

     En efecto, y aunque en los ™ltimos tiempos y de una forma especial en Occidente, se han producido indudables avances en la igualdad formal entre hombres y mujeres, esa igualdad sigue viÈndose obstaculizada en la vida diaria por el hecho de que las mujeres y los hombres no gozan de los mismos derechos en la pr·ctica.

     Contra este modelo injusto, las mujeres llevan dÈcadas luchando ... °y no sÛlo en Occidente!. Ellas, son el eje principal de ese motor del cambio que cuestiona la organizaciÛn social imperante que favorece claramente a un sexo -el masculino-, en detrimento del otro -el femenino-. Y esa lucha por el cambio implica una batalla en varios frentes.

     Por un lado, es necesario que el objetivo de la igualdad en las relaciones de gÈnero estÈ integrado en todas las polÌticas oficiales que afecten a la vida de mujeres y hombres, de cara a una participaciÛn equilibrada en la toma de decisiones y en el ejercicio de los derechos sociales y cÌvicos.

     Por otra parte, una de las principales fuentes de discriminaciÛn hacia la mujer es la perpetuaciÛn de los estereotipos femeninos y masculinos, asÌ como la vigencia de unos valores discriminadores que rigen en las relaciones de pareja y de familia. Por ello. la eliminaciÛn de los prejuicios culturales y los estereotipos sociales existentes resulta crucial, siendo necesario modificar para eso los comportamientos, actitudes, normas y valores, que dificultan el alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres.

     Pero, como es conocido, el tema de las relaciones de gÈnero, no es, ni debe ser, ™nicamente un asunto de mujeres. Por eso, es necesario que los hombres se impliquen en esta lucha, pues son una de las dos partes implicadas. Y el papel que les corresponde a los hombres en este proceso es primordial. Y para ello, es imprescindible llegar a una re-definiciÛn de la masculinidad que haga suya el reto de las mujeres y que siente las bases para participar en un proceso de transformaciÛn social que nos lleve, a hombres y mujeres, como compaÒeras/os en el camino de la vida, a compartir la gestiÛn del mundo.

     Por todo ello, es primordial facilitar espacios de intercambio y reflexiÛn donde mujeres y hombres puedan explorar nuevos roles y donde se contribuya a ir sentando las bases de un nuevo orden social respetuoso con la igualdad de sexos.

     Asimismo, es preciso analizar la crisis de los modelos masculinos tradicionales de forma que los hombres sean capaces de mantener unas relaciones igualitarias con las mujeres, descubriendo entre todos y todas una nueva forma de relacionarse, donde las relaciones de poder y dominaciÛn queden excluÌdas.

     AsÌ pues, resulta primordial encarar sin miedo la necesidad de una verdadera revoluciÛn social, de una catarsis en las relaciones de pareja. En este caminar, en este ascenso para culminar las cimas de la igualdad, como se suele decir las mujeres suben en ascensor y los hombres por la escalera. Pero este desfase no puede constituir ninguna excusa, sino un acicate para superar viejos modelos ya superados. Los modelos masculinos vigentes perjudican a las mujeres y tampoco hacen felices a los hombres, sÛlo se sienten cÛmodos en el poder. Pero la crisis ya ha estallado, y es necesario afrontarla.

Violencia doméstica: "La rehabilitación de maltratadores logra un éxito limitado pero hay que perseverar"

Enrique Echeburúa catedrático de psicología de la UPV
Ha asesorado a Icíar Bollaín para construir el retrato de un maltratador en Te doy mis ojos. Es el impulsor de un programa pionero en la rehabilitación de hombres violentos


CRISTINA TURRAD DV. SAN SEBASTIÁN

     El éxito del programa de rehabilitación de maltratadores impulsado desde la UPV por Enrique Echeburúa y que se desarrolla en Vizcaya y Álava "no es para lanzar cohetes, pero hay que perseveran", dice su autor. Una de cada tres mujeres maltratadas convive con su pareja. "Algunas desean y esperan que su marido cambie".

- Son conocidos los programas de atención a las mujeres víctimas de malos tratos. ¿Cómo decidieron rehabilitar a los maltratadores?
-Hace quince años iniciamos un programa para tratar las secuelas de las agresiones sexuales. Descubrimos que había un numero creciente de víctimas de malos tratos en el hogar. La incidencia era enorme. En Vizcaya, por ejemplo, se detectaban de 100 a 150 casos nuevos al año.

-Y de ayudar a las víctimas, ¿cómo pasaron a rehabilitar a los maltratadores?
- Vimos que de un 30 a un 40 % de las mujeres que acudían a estos servicios seguía viviendo con el agresor.

- Eran mujeres que vivían con una pareja que les maltrataba. ¿No encontraban otra salida?
-Nosotros no podíamos actuar como celestinos. Podíamos exponer a esas mujeres los riesgos a los que se sometían si seguían viviendo con su pareja. Pero el corazón tiene razones que la mente desconoce.

- Se dice que detrás de la permanencia de esas parejas hay sobre todo razones económicas...
-Es una verdad parcial. Al poner en marcha nuestros programas descubrimos una gran novedad y es que hay mujeres que quieren que su marido cambie.

-Y decidieron ayudar a los hombres maltratadores...
-Sí, Pensamos que si sólo tratábamos a las víctimas y no a los maltratadores el programa quedaba cojo. Si una de cada tres mujeres maltratadas sigue viviendo con su marido, el foco sigue abierto.

- En una situación de poder sin límites como la que establecen esos hombres violentos, ¿que razón encontrarían para querer cambiar?
-Si excluimos al 20% de los maltratadores que sufre un trastorno mental, en el resto aparecen momentos de lucidez. Son hombres que mantienen un sistema ético que a veces funciona. Y sobre todo hay motivaciones bastardas.

- Muchos maltratadores se apuntan a la rehabilitación por motivos interesados...
-Cerca de un 10% lo hace por presión judicial, porque si no cumplen un programa de tratamiento, van a la cárcel. El 80% acude por presión de la mujer, que ha anunciado que va a separarse. Un maltratador piensa que su mujer le pertenece y una separación es un gran golpe a su autoestima. Quizás en un 10% de casos puedan hallarse razones genuinas de deseo de cambiar, pero más bien hay una mezcla de causas.

- ¿Por qué es tan difícil que una persona violenta desee cambiar?
- Ocurre como en el alcoholismo. Habitualmente se niega el problema. Conocí a una persona alcohólica que cuando se iba a afeitar apagaba la luz del baño para no verse la cara.

- ¿Cómo son los momentos de lucidez?
- Se dan cuenta de que tienen una conducta miserable y degradante. Se arrepienten. Intentan mejorar. Ven que su mujer sufre. Se ven como pobres diablos.

- El abuso de poder y la violencia, ¿no hacen crecer la autoestima de nadie?
-Hay un problema. El abuso de poder es incompatible con el afecto, la ternura y el sexo satisfactorio.

-Y a pesar de ello, permanecen en la violencia...
-Es un mecanismo adictivo. Ocurre como a los exhibicionistas o pedófilos. Niegan el trastorno y se autoengañan.'Son invenciones de ésta', dicen. Algunos lo niegan más sutilmente: 'Esto lo hacen todos', o lo atribuyen a circunstancias externas: 'Ella me provoca' o 'Tengo unos prontos...'.

- La ira la puede sentir cualquiera...
- Sí. Se trata de controlarla. A veces los maltratadores atribuyen la causa de la violencia a la bebida, pero no pegan a su jefe, ni a la policía, ni a un vecino.

- ¿Qué resultados obtienen en su programa de rehabilitación de maltratadores?
- Hemos tratado, en Vizcaya y Álava, a 120 hombres hasta el momento. Un 40 ó 50% abandona el programa, por lo que podemos pensar que hay un fracaso. Los que aguantan hasta la cuarta sesión, terminan el tratamiento. De ellos se rehabilita uno de cada tres hombres. Pero hay una mejoría clara en el 65% de los casos. Desaparece por completo la violencia física y buena parte de la psicológica.

- La violencia psicológica es tan nociva como la física...
- Sí, los resultados no son como para lanzar cohetes, pero tampoco para situarse en un nihilismo terapéutico. Aunque muchas parejas se separen, esos hombres volverán a vivir en pareja. Es el reto.

- Les han criticado...
- Sí. Ha habido institutos de la mujer de fuera del País Vasco que no han entendido nuestro trabajo. Opinan que toda ayuda es poca para las víctimas de los malos tratos.

- El Código de Hammurabi, Aristóteles, Erasmo de Rotterdam... muchas leyes y muchos pensadores han considerado a la mujer como un ser inferior al hombre. Esta tradición, ¿está en el origen de algunos males?
- No hay que irse tan lejos. También Azorín, Ramón y Cajal o Freud sitúan en un plano inferior a la mujer. Hay muchos prejuicios. Y sobre todo funciona el modelo en que las personas se educan. Lo que han visto en casa. Si un miembro de la pareja es imperativo y otro sumiso, ésta puede funcionar.

-Todos los sentimientos, incluso los negativos, pueden canalizarse. ¿Por qué unas personas lo logran y otras no?
- Hay personas que son emocionalmente inmaduras o auténticos analfabetos emocionales. Y hay errores de pensamiento. Los principales son que la mujer deba ser sumisa y que la violencia sea una vía útil para la solución de problemas. Esta última idea se da más entre quienes han sufrido maltrato infantil.

-¿Hay mujeres maltratadoras?
-La violencia física repugna más a las mujeres. La maternidad desarrolla sentimientos de ternura, afecto y empatía. El abuso, cuando se da, es más bien de tipo psicológico.

- En las sesiones de rehabilitación no usan el término maltratador...
-Muchos hombres escaparían al sentirse reflejados en esa palabra. Utilizamos eufemismos como grupos de hombres u hombres con dificultades.

- ¿Realizan terapias de grupo como las que se reflejan en Te doy mis ojos?
-De momento nosotros hacemos una terapia individual.

- ¿Cuál fue la pretensión de la directora Icíar Bollaín al buscar su asesoría?
-Traté más con la guionista Alicia Luna. Quería conocer no sólo el punto de vista de la mujer maltratada sino el del hombre maltratador, qué tipo de ideas le asaltan y cómo llega a la violencia.


     Uno de cada tres hombres que termina la terapia de maltrato consigue rehabilitarse

       Los rehabilitadores quieren que la prevención comience en la escuela debido al crecimiento de la violencia juvenil
       Se enseña a controlarla ira y a vivir sin violencia

     Serán pocos. Pero el éxito en esos pocos casos es enormemente importante. Es la opinión de Belén Sarasua e Irene Zubizarreta, doctoras en Psicología y responsables de Zutitu, Servicios de Asistencia Psicológica para la Violencia Familiar y Sexual, que funcionan en Bilbao y Vitoria. Entre un 30% y un 35% de los hombres que maltratan a su pareja logra rehabilitarse después de completar la terapia. ¿En qué consiste esa rehabilitación? Desaparece la violencia física y en muchos casos la violencia psicológica. "Que no podamos asegurar que la violencia psicológica desaparezca no quiere decir que siempre esté presente en estos casos", explican.

     La tarea es difícil. Los comportamientos están muy arraigados y hay que ser perseverante. La mitad de los que llegan a la terapia la abandona en las tres primeras sesiones. De los que la concluyen, se rehabilita uno de cada diez. "Hay casos que preferiríamos que no vinieran, porque por nuestra experiencia sabemos que con estas personas no vamos a lograr resultados. Son casos imposibles. Los malos tratos originan miedo y las mujeres sienten una dependencia emocional en la que aparecen muchas dudas y la ilusión de que su marido cambie gracias al programa de rehabilitación. Pero incluso en estos casos, el programa puede dar sus frutos. A veces sirve para abrir los ojos de la mujer y hacerle ver que su marido no cambiará. La separación sería en estas ocasiones un éxito".

     Están los otros casos, aquellos en los que el trabajo ha dado frutos. "Son pocos, pero da gusto ver a los hombres que salen adelante. Empiezan la terapia a regañadientes pero están dispuestos a aprender a cambiar. Empiezan a ver que merece la pena. El porcentaje no será muy alto, pero que una persona deje de ser maltratadora es un éxito muy importante para la sociedad".

     Programas como los que desarrolla Zutitu deben complementarse, en opinión de Sarasua y Zubizarreta, con actuaciones preventivas en las escuelas. Se trataría de fomentar en los niños el respeto y la igualdad de derechos entre los sexos y enseñar que la violencia no es camino útil para solucionar los problemas.

     "Las estadísticas nos informan de que la violencia entre los jóvenes aumenta", explica Zubizarreta. "Ha habido una generación en la que el reparto de roles entre los sexos era más igualitario pero vemos que en los institutos vuelve una asignación de tareas que fomenta la desigualdad y las conductas agresivas. En nuestros centros atendemos a chicas de 18 años que nos cuentan que su pareja les pega. Ellas no desean dejar a su novio y quieren que cambie. Nos sorprende que este tipo de conductas aparezcan entre gente tan joven".

          Episodios de ternura

     En el libro Violencia en la pareja, escrito por Sarasua y Zubizarreta y publicado por la editorial Aljibe, las autoras describen la violencia en la pareja como la máxima expresión de una relación de abuso de poder que el maltatador controla a través del castigo y de las muestras de arrepentimiento. "El castigo (la agresión en cualquiera de sus manifestaciones) se produce de forma repetida e intermitente y se mezcla con episodios de ternura que facilitan en la víctima el mantenimiento de la esperanza de cambio a largo plazo".

     El maltrato en la pareja es un fenómeno complejo. La persona maltratadora no dispone de estrategias para afrontar adecuadamente problemas cotidianos relacionados con la educación de los hijos, conflictos de la pareja, dificultades laborales o desavenencias familiares o sociales. Esta persona utiliza la violencia, que surge de una ira descontrolada, como un recurso eficaz para dejar a un lado esas frustraciones, dicen las autoras. Esta forma inadecuada de expresarla agresividad sobre la pareja se ve favorecida por estereotipos sexuales inadecuados acerca del papel de la mujer en la sociedad, en general, y en la vida familiar, en particular.

     Factores que precipitan el descontrol de la conducta son el abuso del alcohol, los celos, trastornos psicológicos o acontecimientos estresantes. Estas cuestiones pueden agravar el maltrato pero no son causa determinante.

     El desarrollo de programas preventivos son la esperanza de futuro para la erradicación de esta lacra social, dicen las autoras. Se trataría de eliminar los modelos violentos, muy habituales en anuncios, películas o cómics, en los que, por un lado; la mujer aparece como víctima, y, por otro, las conductas agresivas se presentan como instrumentos útiles para conseguir lo que uno quiere.

     El camino para el cambio incluye el fomento de modelos educativos en la escuela y en la familia basados en el respeto mutuo y en el aprendizaje de habilidades de comunicación y solución de problemas cotidianos.

     VIVIR SIN VIOLENCIA

       Práctica constante.Controlar las emociones -ira, ansiedad, tristeza, celos-, solucionar problemas de forma adecuada, tener relaciones sexuales gratificantes, comunicarse con los demás de forma positiva y prevenir episodios de violencia requiere práctica constante.
       Controlar la ira. Sólo ofrece ventajas. Un proverbio chino dice que si eres paciente en un momento de ira escaparás a cien días de tristeza.
       Sin violencia. Comportarse sin violencia favorece a otras personas, pero sobre todo favorece a quien la venía ejerciendo.
       Dignidad. La dignidad de una persona se adquiere cuando se respeta a las demás.

(De Vivir sin violencia. Echeburúa, Amor y Fernández. Ed. Pirámide. Madrid, 2002)


Las "malmuertas"
Rosa Aguilar Rivero
alberto@sosvictimas.org

Alcaldesa de Córdoba

A Toñy
A Mariela
A Laura




     En Córdoba, hay una hermosa torre que, sin embargo, tiene un nombre de horribles resonancias: Malmuerta. El contraste entre la belleza de nuestra torre y el terrible significado de su denominación puede perfectamente simbolizar esa otra espantosa incongruencia entre palabras que conjugan conceptos, en apariencia, tan incompatibles como "marido asesina a su mujer", "compañero sentimental acuchilla a su compañera" o "novio estrangula a su prometida".

     Asimismo, la antigüedad de la torre de la Malmuerta, que data de principios del siglo XV, añade una significación temporal a este fenómeno y es prueba fehaciente de hasta dónde hunde sus raíces el efecto más perverso de un patriarcado que nunca ha considerado a las mujeres como personas, sino como seres inferiores, dependientes y puestos al servicio de los hombres. De esta manera, mientras la muralla defensiva en la que se enclava la torre de la Malmuerta constituye la memoria de otro tipo de amenazas bélicas que, afortunadamente y en nuestra latitud, logramos que pasaran a la historia, la torre en sí misma sigue, por desgracia, manteniendo el mismo sentido que hace seis siglos. Por eso, la Malmuerta es un símbolo de la guerra más larga y más desigual de toda la historia de la humanidad.

     Ha llegado la hora de detener también esta guerra. Y para ello es necesario derribar todos los pilares sobre los que se sustenta su diferente consideración en comparación con otros tipos de violencia. De hecho, esa es una de las grandes dificultades a la que nos enfrentamos, porque mientras otras violencias, como el terrorismo o la delincuencia común, se perciben como ataques a todo nuestro sistema de convivencia, la violencia de género y, más concretamente, la doméstica, no suponen una amenaza a ese sistema. Sin embargo, sí lo ponen en evidencia, porque los hombres que maltratan a sus mujeres o compañeras son practicantes de una doble moral que los convierte en palomas de la calle y halcones de la casa. Los principios de convivencia por los que nos regimos son universales y, por tanto, válidos para todos los seres humanos en todos los ámbitos de su existencia. Así pues, hay que señalar y actuar con el maltratador con la misma contundencia que se señalaría y actuaría con cualquiera que fuera agrediendo a sus conciudadanos en la calle, en el trabajo o en la taberna. Quien maltrata en casa tiene que ser retirado de la vida en sociedad, porque el ámbito privado de nuestra vida no puede constituir un espacio de impunidad donde los ciudadanos puedan dejar de serlo para transformarse en seres crueles capaces de infligir a sus mujeres un daño que no serían capaces de infligir ni a sus más enconados enemigos.

     El cambio de mentalidad es fundamental para terminar con esta lacra y para hacer ver a los hombres que, de la misma manera que se dieron cuenta de que era mejor la convivencia pacífica que la guerra entre los pueblos, también es más fructífera y enriquecedora la relación entre iguales que la de dominación violenta. Sin embargo, no podemos esperar a que esa transformación de los valores sea un proceso tan largo como la historia que los precede, porque, entre otras Cosas, es un deber moral prioritario salvar la vida de las personas que están en peligro y rescatar de su infierno cotidiano a las que viven la realidad del maltrato. Por todo eso, independientemente de los pasos que demos en el terreno educativo y socializador hacia una convivencia más equitativa y más humana, no podemos desatender las necesidades más perentorias de miles de ciudadanas. Para ello hay que articular y aprobar, ya, una Ley integral con previsión presupuestaria para su aplicación que combata en todos los frentes esta insostenible injusticia. La exigencia de esta Ley no se fundamenta únicamente en los beneficios que reportaría inmediatamente -como la coordinación de las instituciones, la regulación de este fenómeno con leyes sustantivas y procesales, la formación del personal sanitario, policial, jurídico y asistencial, y la homogeneización en el tratamiento de estos casos-, sino que se inscribe también en su capacidad pedagógica y de poder simbólico para dotar a este terrible problema de la importancia social y política que merece.

     Como complemento a esa exigencia de perfeccionamiento de la justicia y atención para estos casos, el Ayuntamiento de Córdoba lleva ya casi dos años celebrando plenos mensuales, haciendo declaraciones institucionales y concentraciones silenciosas en contra de la violencia de género como una forma de materializar su solidaridad con las víctimas y su repulsa a esta fuente de sufrimiento humano innecesario. Yo comparto la opinión del profesor Joaquín García Roca sobre la solidaridad como "un indicativo y un imperativo que la sitúan en la órbita ética", donde el indicativo propone los cambios a seguir y el imperativo constituye la llamada para emanciparse de las realidades injustas, y por eso, creo en la solidaridad activa como un complemento que hace más humana a ¡ajusticia. Y creo que, tanto la solidaridad que mostremos con las víctimas, como la justicia a la que podemos contribuir mediante una actitud activa que no tolere ninguna de esas conductas agresivas de los maltratadotes, serán absolutamente necesarias hasta que podamos mirar a la torre de la Malmuerta como a la muralla donde se enclava, es decir como un vestigio histórico de algo que nadie quiere que se repita.



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