"Se consideran delitos violentos contra las personas: los homicidios, asesinatos, las lesiones corporales, los robos con violencia, las agresiones sexuales, las detenciones ilegales y los delitos contra los trabajadores en los que se emplee la violencia"

 


MALTRATO A MAYORES

      Maltrato a Mayores
      El maltrato de la vejez




 

MALTRATO A MAYORES

      Maltrato a Mayores

El estrés de los cuidadores es la principal causa de los malos tratos a los ancianos

  Los ambulatorios son testigos de numerosos casos de negligencia en la atención a los mayores
  La coordinación de los servicios podría evitar muchos abusos

BLANCA ÁLVAREZ

     No se dan casos tan extremos como el de la anciana que fue abandonada en plena calle por sus familiares en una localidad catalana, puesto de actualidad por la reciente sentencia judicial que condenaba a sus allegados, pero en Gipuzkoa también existen ancianos maltratados. Cerca del 10% de los pacientes de edad avanzada que reconoce el doctor Tamayo en el centro de salud de Gros los padece. No es necesario imaginar a ancianos llenos de moratones y con múltiples fracturas, porque el doctor aclara que maltrato es un término muy amplio, "en el que no sólo caben las agresiones y los insultos, sino la falta de cuidados, la negligencia o que las personas mayores se encuentren en situación de abandono".

     Los ancianos son susceptibles de sufrir malos tratos de todo tipo, ya que incluso los que se encuentran en las mejores condiciones pierden, antes o después, la capacidad de control. Evelia Cantera, la responsable de la Fundación Hurkoa, de Cáritas, asegura tener constancia de la existencia de abusos entre algunas de las personas que acuden a ellos. Abusos que pueden ser económicos (infligidos en mas ocasiones por terceras personas que por familiares) o en el trato, porque no se les presta la atención adecuada por falta de tiempo, formación, medios o ganas.

Maltratar sin querer
     En numerosas ocasiones los malos tratos se producen de manera 'inconsciente o están causados por la acumulación de estrés de la persona encargada de cuidar al anciano, como expresa Susana, una de las trabajadoras de la citada fundación: "Son malos tratos debidos al cansancio del cuidador, que salta cuando no puede más. Casi nunca se trata de algo consciente, pensado para hacer daño".

     El tipo de la relación familiar precedente al maltrato es un factor determinante y Evelia Cantera indica que es necesario tener en cliente la complejidad de los motivos que llevan a una situación de abandono. Por esta razón no se atreve a juzgar a las familias que terminan de este modo sus relaciones, "aunque casos como el tristemente famoso de Barcelona no se pueden justificar de ninguna manera", aclara.

Mala relación familiar
     Si una relación familiar no es buena, la dolencia de un anciano puede desencadenar una tormenta emocional: "Hay enfermedades mentales de base, también padres que han sido tiránicos... y cuando un anciano se deteriora y hay que hacerse cargo de él, como es un gran sacrificio, afloran muchos sentimientos y problemas que no habían salido a la luz. Se hacen presentes cuestiones escondidas incluso desde la niñez".

     La mayoría de las personas, sin embargo, se ocupa de sus mayores enfermos incluso si las relaciones han sido malas "o aunque hayan sido malos padres. Sólo los dejan en una residencia cuando es imposible tenerlos en casa. La gente aguanta muchísimo", indica Susana. En nuestra sociedad - dice Evelia Cantera- existe una mentalidad que culpabiliza a los familiares que no se ocupan de sus mayores, lo que favorece que se espere hasta el último momento para pedir ayuda. "Pero aguantar tanto favorece los malos tratos, porque psicológicamente cuidar de un anciano dependiente destroza".

     En opinión de los asistentes sociales de Hurkoa es más positivo llevar a un padre de edad avanzada a una residencia que turnárselo entre varios hermanos "y hacerle recorrer distintas casas a lo largo del año", porque a los ancianos les cuesta mucho adaptarse a los cambios. Además, si no está en buenas condiciones psíquicas, el esfuerzo cognitivo los agota y su discapacidad puente acelerarse. "No está contemplado como maltrato, pero para mí, por regla general, lo es", dice Evelia. Las residencias actuales están en muy buenas condiciones, y quien los cuida en casa -advierten- "normalmente no tiene la formación necesaria ni la capacidad para afrontar situaciones conflictivas".

      Hurkoa -donde trabajan cerca de 80 voluntarios- atiende a personas mayores solas, con un grado de dependencia grave, que puede presentarse como una demencia que le impide controlar su propia vida y cuidarse. Además de sus propias dificultades, también la familia carece de recursos "y nosotros les ayudamos con el tema de las incapacidades legales, les damos un apoyo jurídico para que la familia pueda emprender acciones legales de tutela". En los casos en que no hay familias o éstas han abandonado al enfermo, es la asociación quien asume la tutela y el cuidado de éste.

La tutela como solución
     Cuando no hay medios económicos ni familia se recurre a los servicios sociales Y no existe ningún problema, indican desde Hurkoa. "El problema aparece cuando hay medios económicos y familia y priman los intereses económicos sobre la atención, o cuando existen diferencias entre los hijos acerca de cómo afrontar el problema familiar. Nosotros actuamos como parte neutral".
En la actualidad Hurkoa atiende a 144 personas: tienen responsabilidad jurídica sobre 107; se está haciendo cargo de 18 cuya incapacidad se está tramitando aún y tienen a voluntarios de la asociación al cuidado de 19 personas que viven solas, en situación de riesgo. Además, asesoran a 76 familias que van a asumir la tutela de sus mayores. Hurkoa cuenta también con un centro de día de 80 plazas, "un apoyo a los familiares que no quieren dejar de tenerlos en casa".

Un fenómeno nuevo
     Loreto Etxeberria es asistenta social en el ambulatorio de Gros y, en su opinión, aún es pronto para hablar de cifras en el tema del maltrato "porque es un fenómeno muy nuevo como diagnóstico". Pero Loreto destaca la importancia de mantenerse alerta, fomentar la precaución, porque muchos ancianos pueden estar en situación de riesgo, que los profesionales reconocen pronto: "Cuando un anciano válido nunca acude a la consulta y recurre al intermediario, hay que pensar que algo puede estar pasando. No es normal no conocer a un paciente". No ocurre en todos los casos, pero Loreto comenta que las situaciones de sobreprotección pueden ocultar abusos. Loreto Etxeberria aclara que es fundamental que los ancianos sepan que tienen derechos y se pueden quejar y comentar su situación con médicos y asistentes sociales. La coordinación de los recursos puestos a disposición de los ancianos es el verdadero campo de batalla, "lo más importante para prevenir los maltratos", coinciden los profesionales. Hacer más accesibles los apoyos que se dan a las familias con ancianos dependientes, la implicación de los servicios sociales, los sanitarios y los de voluntariado, así como la sensibilización de la sociedad en su conjunto es, en opinión del doctor Tamayo, fundamental "porque un anciano es una responsabilidad de toda la sociedad".



Las mujeres se encargan en el 95% de los casos de cuidar a los mayores


B.A. DV. SAN SEBASTIÁN

     "Tú has tenido madre, nosotras no", La mujer que tuvo que escuchar esta frase de boca de sus hijas había pasado media vida cuidando a sus padres, la otra media a sus suegros enfermos... y no había tenido tiempo para dedicarlo a su familia, ni a sí misma. Es una realidad más frecuente de lo que parece, indican desde Hurkoa. La mayoría de los cuidadores son mujeres, que son quienes en el 95% de los casos echan sobre sus espaldas el cuidado de los ancianos, incluso en el caso de contar con hermanos que podrían ayudarlas en esta tarea. "Estas mujeres tienen también derecho a disfrutar pero se sienten culpables si no atienden a sus ancianos", dice Evelia Cantera. A la sociedad actual, en su opinión, le falta asumir que no sólo los familiares son los responsables de la población mayor.

     Los cuidadores son cada vez menos; el número de hijos ha descendido y no hay posibilidades de compartir el cuidado de los padres, "una situación que tiende a ser más común, dado que las familias actuales tienen cada vez menos hijos", explica Susana, de Hurkoa. También son más mayores. "Cada vez es más frecuente ver que una madre de 90 años es atendida por su hija de 70, que tampoco está en plena forma", indican. La mayoría de tus responsables del cuidado de sus padres aguanta más de la cuenta "y en más de una ocasión los médicos de cabecera han aconsejado al cuidador el ingreso del familiar anciano en una residencia si no quiere caer enfermo".
Por estas razones, los servicios sociales ofrecen apoyo a los cuidadores, explica Evelia Cantera, de la fundación Hurkoa, "que se traducen en cursos de formación para tratar al anciano, así como atención psicológica a los cuidadores".


  El maltrato
            Abuso: Es todo maltrato físico o psicológico, explotación financiera, negligencia pasiva, confinamiento, abandono, condiciones de vida adversas, intimidación o abuso sexual.

            Maltratadores: Suelen ser los encargados de cuidar a la víctima: trabajadores de asilos u hospitales, quienes los cuidan en casa e incluso algunos familiares. Los expertos creen que el abuso a ancianos sigue estando encubierto por un velo de secreto familiar y que el número verdadero de víctimas puede exceder las 350.000 en España. Los registros oficiales ofrecen cifras mucho menores, cercanos a 3 casos por cada 10.000 personas mayores.

            Denunciar: Si cree que un amigo o pariente está sufriendo abusos, debe comunicarse de inmediato al médico de la presunta víctima o a la policía local.

  Signos de alarma
            Malos tratos: Fracturas, moratones, pinchazos y quemaduras; especialmente cuando ocurren en lugares poco comunes o inesperados. También fíjese si hay frecuentes hematomas, especialmente en los antebrazos (por sujeción o sacudidas) y contusiones que parezcan centrarse en un área particular (por golpes repetidos) o aquellos que tengan una forma similar a un objeto,

            Abuso sexual: Puede darse si existen ropas desgarradas o ensangrentadas. También si se observan dificultades para caminar o sentarse y dolor, irritación o ensangrentamiento en la región genital.

            Abuso psicológico: Los ancianos parecen confundidos, exhiben miedo excesivo, tienen dificultad para dormir o experimentan un cambio de apetito, pérdida de peso, retraimiento y un desinterés generalizado por las actividades o por su medio ambiente.

            Abuso financiero: Se puede reconocer cuando hay deficiencia, confusión o falta de conocimiento acerca de las finanzas. También cuando existe una inexplicable y súbita incapacidad para pagarlas cuentas, temor o ansiedad cuando se hable de dinero discrepancias entre los bienes y el régimen de vida o un interés no común de algún miembro de la familia por los bienes de la persona mayor.

            Desatención: Señales de deshidratación, desnutrición, suciedad o real olor excesivos, vestimenta inadecuada (especialmente cuando hace frío) o indicios de dosis excesivas o falta de medicamentos.

 

 

 
      El maltrato de la vejez



     La acumulación en las morgues parisinas de cadáveres de ancianos abrasados por la canícula, sin que en muchos casos se hallasen familiares dispuestos a velar sus restos, ha despertado una oleada de mala conciencia por la forma de tratar a los mayores que estamos adquiriendo. Y esa forma sólo puede calificarse de maltrato. Maltrato no sólo material sino sobre todo moral, lo que quizá resulte todavía peor. Por eso, mientras leía este agosto en la prensa cómo se iban calcinando los ancianos, no pude menos que recordar las piras funerarias de hace cuatro siglos, cuando la caza de brujas envió a la hoguera a decenas de miles. Hoy ya somos modernos y por eso cuidamos las formas, renunciando a maltratarlos en público. Así que nuestro maltrato es solapado e hipócrita, pues mantenemos vivos a nuestros mayores hasta edades muy tardías, pero dándoles al mismo tiempo una vida indigna.

     El apagón estadístico del Gobierno impide saber cuántos ancianos españoles han muerto de calor este verano. Pero esa política del avestruz no debe hacernos creer que aquí tratamos mejor a nuestros mayores. El gasto público en protección de la vejez -pensiones, plazas hospitalarias y servicios sociales- es el más bajo de Europa. Y los días 18 y 19 de este mes acaban de celebrarse en Valencia unas jornadas sobre violencia contra personas mayores cuyas estimaciones ponen los pelos de punta. Esto demuestra que lo peor de la vejez no es la soledad, pues resulta peor el maltrato material y moral que sufren muchos ancianos a manos de sus familias o de sus cuidadores. Es verdad que se trata de una excepción, que si ahora se denuncia es porque empieza a parecer intolerable. Pero si bien el maltrato directo parece en vías de control, el maltrato indirecto, involuntario e inconsciente podría estar creciendo como colateral efecto perverso de la protección a los mayores.

     El envejecimiento se convertirá en un problema social de primera magnitud a partir de 2025, cuando envejezcan las superpobladas cohortes del baby boom que sobrevivirán hasta edades muy tardías pero aquejadas de múltiples discapacidades crónico-degenerativas. Entonces se planteará en toda su crudeza la gran cuestión del tratamiento de la vejez. ¿Qué hacer cuando su proporción se acerque al tercio del total? Para entonces habría que desarrollar el cuarto pilar del Estado de bienestar, formado por los servicios sociales, hoy casi inexistentes en España. Pues como usuarios de tales servicios, necesarios para atender su creciente discapacidad, los ancianos serán competidores naturales de los demás usuarios, que son los menores, las mujeres y los inmigrantes. Y aquí se da la paradoja de que son estas dos últimas categorías las que hoy están supliendo por defecto la carencia de servicios sociales, pues asumen la atención domiciliaria que los mayores reciben de las mujeres de su familia -en detrimento de su trabajo profesional- o de asistentas inmigrantes a sueldo.

     Pero la protección de sus necesidades materiales-salud pública, servicios geriátricos y atención domiciliaria- es una condición necesaria pero no suficiente, pues además se precisa la protección de sus derechos civiles, entre los que destaca el derecho a no ser excluidos ni discriminados. El peor problema planteado por el envejecimiento no es la soledad de los mayores sino la pérdida progresiva de su autonomía personal. Hay déficit de autonomía material tanto por razones económicas -dado el ostracismo excluyente que implica la jubilación y la pérdida del poder adquisitivo de las pensiones de vejez, cuya futura financiación es muy problemática- como por razones corporales, pues la creciente discapacidad física y sobre todo mental coloca a los mayores en situación de dependencia de sus cuidadores. Ésta es la más insidiosa condena que amenaza al envejecimiento: la pérdida de autonomía moral e independencia civil de los mayores, que les somete al dominio de aquellos poderes públicos y privados -la familia, los médicos, las autoridades- de los que dependen.

     Lo más triste del trato que damos a los ancianos no es que les abandonemos a su suerte -lo que al menos les obliga a valerse por sí mismos-, sino que les tratemos como a menores de edad necesitados de protección y tutela, lo que les coloca bajo nuestro poder discrecional y arbitrario. Pues al sentirnos magnánimos y aceptar protegerles, lo hacemos privándoles de sus derechos, tras expropiarles su propia responsabilidad personal como sujetos agentes. Por eso les engañamos con mentiras piadosas -para que no sufran, los pobrecitos--, les impedimos que elijan por sí mismos -no vayan a hacerse daño sin querer- y tomamos decisiones por ellos, llegando en la práctica a incapacitarlos aunque sólo sea informalmente. Y esto lo hacen tanto las familias como las autoridades civiles y médicas, en cuyas manos delegamos su tutela para procesarlos como objeto pasivo de tratamiento tecnocrático. Por supuesto con las mejores intenciones, de las que está empedrado el infierno a cuyo limbo les condenamos. Así acabamos por tratarles como a mascotas domésticas o ejemplares de zoo geriátrico, reducidos al entrañable papel de animales de compañía merecedores de simpatía y cuidado. Todo con tal de no reconocer su auténtica dignidad de personas dueñas de sí, enfrentadas al periodo más trágico de su vida, lo que nos obligaría a tratarlos no con paternalismo sino de igual a igual, respetando su libre albedrio para bien y para mal, lo que también exige reconocer su legítimo derecho a disponer de su vida.


Enrique Gil Calvo es profesor titular de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.


 

Selecciona uno de los apartados arriba indicados para ver su contenido

Volver a ÁREAS DE ACTUACIÓN


 SOS Víctimas (www.sosvictimas.org)
Todos los derechos reservados © SOS Víctimas
© 2007 by ABANTADA