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CORREO
ABIERTO
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ELABORACIÓN
DEL DUELO EN VÍCTIMAS DE ACTOS VIOLENTOS
En este apartado vamos a tratar el análisis
de los recuerdos y sentimientos relacionados con situaciones traumáticas
y duelos de personas que han sido víctimas de la violencia y
las consecuencias psicopatológicas de las mismas a corto y largo
plazo. Para el análisis de las situaciones, hechos, recuerdos
y vivencias de las situaciones traumáticas y duelos colectivos,
se sigue un modelo psicodinámico, ya que éste nos permite
tener en cuenta tanto los hechos conscientes que narra y recuerda la
persona, como aquellos que sin que sean directamente asociados por las
personas a ese acontecimiento, sí guardan relación con
su estado. Estos indicadores pueden ser los sueños, las fantasías....
Las víctimas de actos violentos, tienden
a poner en funcionamiento mecanismos de defensa que les permiten afrontar
psicológicamente el suceso y las consecuencias que éste
pueda conllevar, pero para conseguirlo, muchas veces se provocan alteraciones
a nivel de pensamiento y a nivel emocional.
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Trastornos
más comunes
Entre los síntomas y trastornos que
se suelen producir ante situaciones de este tipo cabe destacar, el síndrome
de estrés post- traumático; el trastorno por estrés
agudo; el síndrome del superviviente; diversos trastornos de ansiedad
y el conocido con el nombre de trastorno de pánico.
También suele verse dañado el sistema emocional, por lo
que la víctima será incapaz de expresar sus sentimientos;
sus relaciones sociales y afectivas se suelen ver empobrecidas y puede
sufrir una depresión. También, en muchos casos se producen
cambios en la personalidad.
Aunque todas las víctimas atraviesen
en ciertos momentos por algún síntoma o signo de estrés
o de ansiedad, será el paso del tiempo el que nos indicará
quiénes han hecho una buena elaboración psicológica
del suceso y quiénes, por el contrario, han desarrollado un duelo
patológico, es decir, que no han sabido o podido superar la
muerte que les ha tocado vivir.
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La
esencia de la situación traumática es aquella que sucede
en el exterior o irrumpe en el mundo interno de la persona, provocando
la ruptura del equilibrio que tenía hasta ese momento, tanto en
el área individual o grupa¡ como social. La ruptura de este
equilibrio puede ser transitoria, permitiendo una reorganización
de la vida del individuo, o por el contrario puede volverse un evento
no elaborado que le llevará a un estancamiento en su desarrollo
y le conducirá a un estado patológico.
Todos los sucesos que ocurren con violencia,
conllevan el despertar de mecanismos y reacciones que, en un principio,
son difíciles de valorar y predecir si van a llevar a la elaboración
de un buen duelo o a uno patológico, ya que será el factor
tiempo el que determinará si esas reacciones han sido adaptativas
ante la situación o, si por el contrario, siguen perdurando en
el tiempo aunque haya desaparecido el suceso amenazador, siendo ahora
fuente de estrés y de desgaste.
También hay que tener en cuenta las
diferencias individuales, ya que cada persona tiene sus mecanismos de
defensa y una serie de vivencias que determinarán la utilización
de las diferentes estrategias para afrontar y elaborar posteriormente
las consecuencias traumáticas y los duelos.
Dentro de esta situación se mezclan
los traumas, la violencia y el duelo. Resolver un trauma conlleva elaborar
el duelo ante la situación vivida, por la violación del
derecho más fundamental, el derecho a la vida, de uno mismo o de
algún ser querido.

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El
duelo es en sí un hecho traumático y angustioso
El duelo, o la muerte, es por sí
un hecho traurnático y angustioso para el que lo está pasando
pero que, según cómo lo manejemos, formará parte
de nuestras experiencias vitales y nos servirá en nuestro desarrollo
como personas o, por el contrario, nos dejará ahí anclados
sin poder seguir adelante con nuestras vidas y sin dejarnos vivir otras
experiencias que nos están ocurriendo.
Al hablar de duelo patológico, nos
referimos a aquel que sobrepasa al individuo llevándole a realizar
conductas mal adaptadas y que persisten a lo lago del tiempo.
El trastorno con el que más se relaciona
un hecho de este tipo es el trastorno de estrés post-traumático
ya que, la persona se ve expuesta a ura situación que le desborda
y que no puede afrontar, por lo cual, desarrollará una serie de
síntomas que serán indicadores de lo que le está
ocurriendo.
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Todo
esto hace que las personas que sufren hechos o amenazas violentas, vivan
en un continuo temor y estrés que impide su completo desarrollo
como seres humanos, ya que como seres sociales que somos, necesitamos
rodearnos de otras personas para aprender y desarrollarnos. Esto tan fundamental,
no pueden desarrollarlo al verse limitados por su situación de
amenaza de muerte.
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En
los testimonios de personas que han sido víctimas del delito violento,
se pueden concluir cinco características comunes:
1.
Actitud de valentía y paciencia.
2. Deseo
de que nadie sufra lo que ellos han sufrido.
3. Lucha
por cefender la justicia y la verdad desde el derecho y la ética.
4. No
se han tomado la justicia por su mano.
5. No
han perdido la esperanza de convivencia normalizada y en paz.
Hay algunas reflexiones que se hacen comunes
en las víctimas y familiares:
La necesidad de buscar un porqué al hecho violento.
La reacción de miedo ante la posible amenaza de la muerte.
Ambivalenc¡a por conocer la identidad del asesino aunque esto varía;
para unas personas es un dato relevante mientras para otras no.
Sentimiento de culpa, de tal forma que se le llega a dar la vuelta a las
cosas.
Sentimiento de soledad y de abandono por parte de la sociedad....
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En
muchas ocasiones tendemos a olvidar que detrás de cada delito violento,
además de las víctimas directas, también hay muchas
personas y, que lo más difícil les viene encima después
de haber perdido a un ser querido ya que, a menudo, se encuentran desamparados
dentro de su propio entorno.
Las personas que están amenazadas van
viendo cómo su vida se va reduciendo y, cómo su libertad va
mermando por momentos, no pudiendo ejercer otros roles como es el de ser
padre/madre, amigo/a...
En esta sociedad, a las víctimas les
resulta muy difícil poder elaborar un duelo de este tipo, ya
que la amenaza constante y el estado de alerta permanente les lleva a una
situación de estrés crónico y a una ansiedad generalizada.
Esto les hace estar sensibles a cualquier acontecimiento, por muy minimalista
que sea, y esa amenaza a la integridad de la persona va haciendo mella en
aspectos de su personalidad. |
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QUÉ
PUEDE SENTIR UNA VÍCTIMA QUE HA SUFRIDO UN ACTO VIOLENTO
Pérdida del equilibrio emocional. La víctima siente
que ha perdido el control sobre sus emociones; se muestra vulnerable e
irascible ante cualquier situación, por rnuy trivial que sea.
Descoordinación. No es capaz de realizar actividades que
antes del suceso llevaba a cabo. No es capaz de concentrarse en una tarea.
Desorientación. La víctima en algunos momentos pierde
la noción de dónde está y de qué le ha ocurrido.
Sentir que su cuerpo y su mente están separados. Al no ser
capaz de asimilar lo sucedido, la víctima siente que no le tia
ocurrido a ella aunque las secuelas físicas estén presentes.
Entumecimiento. Debido a la angustia y el pánico que ha
sentido, la víctima siente el cuerpo entumecido y que no reacciona
con los mismos reflejos ante las diversas situaciones que se le presentan.
Rabia. Es un sentimiento que aparece tras una pérdida ya
que la víctima no entiende por qué le ha ocurrido a ella.
Incomprensión por su entorno. Aunque las personas que la
rodean le sirvan de apoyo, no van a poder ponerse en esa situación
por lo que muchas veces la víctima sentirá que no la entienden.
Incapacidad para tomar decisiones. En esos momentos no puede pensar
en otra cosa que no sea lo que le ha sucedido, por lo que será
difícil que la víctima pueda tomar conciencia de otras cosas
que están ocurriendo. En este estado de ánimo será
incapaz de tomar alguna decisión.
Imposibilidad de controlar su vida. Después del impacto,
tanto emocional como físico, que ha conllevado el delito violento,
la víctima se sentirá incapaz de tomar las riendas de su
vida, ya que tendrá la sensación de no controlarla y que
la seguridad que antes tenía a desaparecido.
Incapacidad realizar los proyectos que tenía planeados.
A partir del hecho violento la persona ve que su vida da un giro completo
y que puede que a partir de ahí las cosas que él tenía
fijas varíen, por lo que ya no tendrá motivación
para realizar otros proyectos por miedo a que también desaparezcan.
Sentimiento de catástrofe. Nada importa. Después
de lo sucedido, la persona siente que el ser humano no es nada y que podemos
desaparecer en cualquier momento, por lo que muestra una actitud derrotista
y pasiva ante las cosas; "¿para qué voy a esforzarme
si en un momento, cuando menos lo espere puedo desaparecer?".
Sentirse congelado en el tiempo y en el espacio. La persona siente
que el tiempo se para en el suceso, ya que al ser tan traumático
nuestra mente se puede quedar anclada en él. Debemos hacer
que la persona torne conciencia de la realidad y que sepa pasar página
a lo sucedido.
Cansancio y agotamiento. Al verse expuesto ante una situación
angustiosa en la cual la ansiedad y el estrés se disparan, cuando
el estado de alerta disminuye, todo ese esfuerzo se reflejará físicamente,
por lo que la víctima se sentirá agotada de tanto esfuerzo
mental.
Ambivalencia con sus sentimientos y emociones. La persona no se
sentirá capaz de controlar sus sentimientos, por lo que pueden
aparecer en él diferentes reacciones que incluso pueden ser
contradictorias. Si ha sido superviviente de un delito violento y
en éste ha fallecido alguien, se sentirá triste por lo sucedido
pero también alegre y afortunado por no haber sido él el
fallecido.
Miedo, terror, pánico. Son respuestas comunes a hechos violentos,
donde la víctima se siente indefensa ante lo ocurrido y reacciona
de esta forma.
Soledad. La víctima se sentirá sola en algunos momentos
ya que percibe que las personas que están con ella no la entienden.
En otros momentos será ella la que busque la soledad para poder
asimilar lo ocurrido y poder elaborar una respuesta.
Resentimiento por la pérdida. Si en el hecho violento
ha perdido a un ser querido o algún miembro de su cuerpo, la persona
se sentirá dolida y compungida.
Baja autoestima. Puede que ante el acto violento vivido la víctima
sienta que su vida no vale nada y se infravalore. Esta baja autoestima
también es consecuencia del estado deprimido en el que puede estar
la persona después de lo sucedido.
Confusión. No es capaz de entender lo que ha sucedido, ni
por qué alguien ha sido capaz de realizar un acto de este tipo.
Alteración en el apetito. Todas estas emociones se reflejan
también en el cuerpo y pueden alterar funciones como es el comer.
La víctima normalmente pierde las ganas de comer ya que está
concentrada en otras cosas.
Trastornos del sueño. Aquí pueden aparecer diferentes
variantes: que la persona sea incapaz de conciliar el sueño o que
tenga pesadillas relacionadas con lo ocurrido.
Problemas en las relaciones sexuales. La persona no puede disfrutar
de su vida afectiva por lo que no será capaz de llevar a cabo satisfactoriamente
las relaciones sexuales o de disfrutar con ellas
Enfado. Se sentirá enojado con todo y con todas las personas,
ya que lo sucedido ha sido premeditado y preparado por personas.
Irritabilidad. Se sentirá irascible y sensible a todo lo
qeLl suceda a su alrededor reaccionando en algunos casos de forma exagerada
ante las cosas.
Pérdida de control. Habrá algunos momentos en que
la víctima pueda tener una explosión de llanto o de irá,
ya que al estar tan vulnerable y tener a flor de piel sus emociones, no
puede controlarlas.
Tristeza. Se sentirá triste y abatida ante lo ocurrido.
Es una reacción normal ante una pérdida por lo que debernos
dejarla que exprese su dolor.
Culpa. En un suceso de este tipo la víctima que lo sufre
directamente puede sentirse culpable de lo que les haya ocurrido a otras
víctimas que también han estado implicadas en el suceso
y que han podido fallecer o ser heridas.
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